martes, 26 de agosto de 2014

Bitácoras desde Finlandia (día 5)


Quinta jornada del viaje. La aventura llega ya a su final y apenas transcurren las últimas horas de estancia en la lejana y desconocida ciudad de Helsinki, al sur de Finlandia.

Llevo a mis espaldas 4 días de viajes, trenes, taxis, parques, rides, coasters y un sinfín de sensaciones y anécdotas en la mochila, por lo que es momento de tomarme con calma la vuelta a mi querida Barcelona.

Como sabéis desde que os lo expliqué en la anterior bitácora, llegué a la capital Helsinki tras un largo y pesado viaje a través del centro del país durante 4 horas y mi llegada se produjo alrededor de las 23:00h, por lo que no llegaba a la típica hora que uno tiene previsto llegar a un hotel. Pero aún así me di prisa por llegar al Kongressikoti Hotel. Y en ese momento os dije "hotel" porque en realidad se trata de una estafa en toda regla. Sí, pagas por una habitación individual y tienes tu cama para dormir, pero hasta ahí todas las facilidades de cualquier hotel.

En realidad el hotel es una planta de un edificio que bien podría ser un piso en el que todas sus habitaciones tienen huéspedes (no se vosotr@s pero en mi pueblo a eso le llaman pensión). Un solo baño para toda la planta, una sola ducha, un cuarto piso a través de un ascensor antiguo de aquellos de rejilla extensible y, eso sí, el precio de una noche en este cuchitril asciende hasta más de 50 euros. Por lo que en esta ocasión el desvarío es por culpa de los precios finlandeses, sí, pero también por una excesiva inflación en los precios de estos locales, cercanos al centro de la ciudad.

Dicho esto, a la mañana siguiente me levanté alrededor de las 9:00 para aprovechar la mañana y darme un pequeño paseo por la zona céntrica de Helsinki, antes de tomar el bus que me llevase hasta el aeropuerto de la ciudad.

El primer edificio que pude admirar desde los alrededores es el Säätytalo Ständerhuset, o lo que es lo mismo, el edificio del estado, una especie de palacio neoclásico muy cercano al hotel donde me hospedé (de hecho apenas un par de manzanas más allá):
 Siguiendo por la Snellmaninkatu, la calle donde encontrábamos el anterior edificio, vamos a parar a uno de los puntos más fotografiados y visitados de Helsinki, una enorme y amplia plaza coronada con un gran edificio blanco en lo alto de unas escalinatas y que se trata del Senado de Finlandia, un lugar de gran importancia política y económica en uno de los países más desarrollados del mundo:
Después de las 2 o 3 fotos de rigor, me dirigí a través de la Alexandersgatan, la avenida que atraviesa la ciudad de punta a punta para acercarme poco a poco hasta la Rautatieasema, la estación de tren central donde también se encuentra el servicio lanzadera al aeropuerto. Como podéis observar, los tranvías están presentes siempre en Helsinki, con más de una docena de líneas disponibles, dibujan un círculo completo por toda la ciudad y tomando la línea 10 podemos llegar desde el centro hasta Linnanmäki, aunque desconozco las tarifas porque yo preferí caminar en vez de tomar este transporte público:
 Las calles perpendiculares a esta Alexandersgatan alojan algunos de los comercios más exclusivos y las tiendas más exquisitas de la ciudad (pensad que el nivel adquisitivo de un finlandés medio es ya elevado, imaginad cómo es el de un finlandés de la capital). Yo me pude encontrar con el Fazer, una de las cafeterías más exclusivas de toda la urbe y famoso porque siempre podemos encontrar en él figuras destacadas de la sociedad finlandesa, famosos e incluso alguna estrella internacional:
 A apenas un par de calles de distancia se abre una de las vías verdes que podemos localizar en pleno centro de la ciudad, el Esplanadparken, una gran avenida de un centenar de metros de ancho y poco menos de 500 de largo donde la vida ajetreada de la ciudad da paso al descanso, la sombra y el paseo de los nativos de la propia Helsinki. Un consejo: si cuando estáis por aquí aprieta un poco el calor, nada como un buen granizado en alguno de los pequeños tenderetes que se extienden a lado y lado del alargado parque:
Alrededor de la estación central de Helsinki nos podemos encontrar con un buen puñado de centros comerciales y grandes edificios de negocios. Uno de los más importantes es el centro comercial Stockmann, un sobrio y casi cúbico edificio que en su interior alberga algo así como un Corte Inglés a la finlandesa:
 Y ya llegado justo enfrente de la estación encontré un elemento que me fue muy familiar (los seguidores del blog lo recordaréis de la inauguración de Wodan, en 2012). Aun así, se ha puesto bastante de moda ofrecer este tipo de servicio bastante exclusivo en grandes ciudades de toda Europa, como sabréis, consiste en una altísima grúa que nos suspende a unos 50-60 metros de altura para ofrecernos una vez allí arriba un aperitivo o comida, amenizado en muchas ocasiones por música en directo o un servicio de cocktails con vistas a la ciudad:
 Y estar ya a las puertas de la Rautatieasema significa que se aproximaba la hora de tomar el autobús que me llevaría finalmente al aeropuerto de Vantaa, donde empezó toda esta aventura que he procedido a relataros durante estas dos semanas.

Como en la anterior ocasión, tomar el bus significaba el pago de 6,30€ y el privilegio de disfrutar de aire acondicionado, enchufe y wi-fi durante el trayecto de unos 20 minutos desde el centro de la ciudad hasta la terminal 2, desde donde tomaba el vuelo de vuelta a casa.

Y dicho y hecho, en apenas 20 minutos me encontraba ya en dicha terminal, habiendo pasado el rápido arco de seguridad y con el tiempo suficiente como para una última comida finlandesa:
En menos de dos horas la puerta de embarque abría sus puertas y me permitía acceder al avión que, tras unas 3 horas de vuelo, me trasladaría por fin al Aeroport del Prat en Barcelona:
Con ese último tweet, publicado ya a las alturas y alejándome del país nórdico, me despedía por completo de esta última aventura veraniega, todo un reto que me propuse ya a principios de este año y que por fin hice realidad.

Cuando uno empieza a cogerle el gustillo a esto de moverse de país en país, a explorar culturas, idiomas y monedas distintas, empieza a marcar con una cruz los países recorridos y Finlandia, con todos sus pros y sus contras, era uno de esos países que tenía en mente desde hacía ya un par de años (igual que sus parques que, para qué engañarnos, era lo que más me atraía antes de empezar esta vorágine de agosto).

Una vez completada la ruta y con un montón de recuerdos en mente, concluyo satisfecho esta nueva entrega de bitácoras que espero que hayáis podido disfrutar tanto como yo escribiéndolas y plasmando la gran mayoría de grandes momentos que viví minuto a minuto en este rico país. A partir de ahora empieza un ciclo de análisis detallado tanto de los parques que visité como de las coasters más destacadas.

Os enlazo a continuación los episodios que os he ofrecido a lo largo de esta visita "guiada":
Y ahora empiezo ya a preparar las siguientes entradas que os ofreceré aquí en Bloggercoaster. Quién sabe... quizás dentro de poco tenga que empezar a pensar en escribir de nuevo alguna otra bitácora. ¿A dónde será en esta ocasión?

Gracias por vuestra lectura
(Kiitos käsittelyssä)

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