miércoles, 18 de marzo de 2015

Explorando Nigloland (parte 2)


Continuamos con nuestra particular ruta por el parque de atracciones/temático francés de Nigloland, donde en la anterior entrada pudimos descubrir la espesura de sus bosques, rodeando una zona temática inspirada en el norte de EEUU y, sobretodo, Canadá.

Ya en ese momento pudimos ver algunas de las primeras rides (alguna de ellas metida especialmente dentro de las verdes y húmedas arboledas) del parque así como detalles de theming bastante bien llevados, todo ello en un entorno natural y silvestre digno de admirar para cualquier parque que se precie.

Así pues hoy, en Bloggercoaster, proseguimos nuestro viaje por este precioso parque francés que nos empezará a ofrecer por fin algún que otro credit (de los 6 que contiene en total el recinto) así como detalles de theming y rides de especial relevancia.


Minas, madera y osos

Durante la anterior entrada nos habíamos quedado justo en el centro de una bucólica plaza repleta de mesas de picnic y frente al local de restauración bajo el nombre de Canada Bar, pero ya oíamos pasar, cada cierto periodo de tiempo y a lo lejos, trenes de una coaster que no sabíamos muy bien por dónde iban ya que el espeso bosque ocultaba la mayoría de tramos y apenas nos permitía oír el típico sonido irremplazable de las ruedas y la velocidad.

Efectivamente, teníamos una coaster frente a nuestras narices y, si nos fijamos un poco más, toda la maraña de madera, mecanismos de hierro, torres y fortificaciones no es más que la estación de entrada de Le Train de la Mine, el primer credit con el que nos encontraremos en Nigloland:


Consistente en una powered coaster de Mack Rides, Le Train de la Mine adquiere el tonillo que tanto nos gusta otorgar a los credits más familiares pero que a la vez pueden llegar a ofrecer sensaciones de choque, de velocidad o incluso de fuerzas G que deban ser tenidas en cuenta. Para empezar lo más destacado del tema es que (quizás inspirándose en el vecino Disneyland Park de París) el acceso a la estación lo hacemos por un edificio de minas exterior y poco a poco nos adentraremos en el interior hasta estar dentro de una auténtica mina atravesada por unos raíles. Y es que de repente, sin darnos cuenta, estaremos en la estación de carga:


En esta ocasión, en vez de recurrir a los manidos ThemePark Review o a los siempre efectivos amigos de CoasterForce, he preferido contar con la inestimable ayuda que en su día brindaron unos pioneros de Europa en cuestión de grabación de point-of-views oficiales, los siempre latentes E-Coasters para ofreceros el recorrido y que así os podáis hacer una idea general del layout de esta coaster:


Como podéis observar tenemos una salida de la mina con curva peraltada a derecha (en la segunda vuelta será muy agradecida esta curva), aceleración con doble twistie a izquierda y derecha, apertura a curva peraltada a derecha ascendente, doble hélice a gran altura (seguimos con peralte a la derecha), cambio de peralte a izquierda y entrada de lleno en un buenísimo punto de choque consistente en un túnel de roca genialmente tematizado, entrada a hélice desdenciendo con gran peralte a izquierda, encaramos una curva cerrada a derecha y accedemos de nuevo mediante un túnel a la entrada bien camuflada de la estación.

La segunda vuelta, totalmente igual como es lógico, la recorreremos a una velocidad muy bien medida y que ofrece varios puntos de intensidad. Concretamente las dos hélices que nos encontramos las perfilaremos rápidamente y nos permitirán experimentar fuerzas G laterales de gran valía y diversión.

Para los fotógrafos del lugar: el único punto en el que se puede captar más o menos el tren es en la curva final de acceso a la estación ya que pasamos por debajo de ella cuando abandonamos la estación de carga, ya en el exterior. Si esperamos al final de la segunda vuelta, captaremos el tren en todo su esplendor:


En definitiva no es una coaster muy relevante (ni mucho menos teniendo el cuenta el plantel que reúne a estas alturas Nigloland), pero si es un buen aperitivo y sí nos permitirá experimentar algunas sensaciones que se añoran si hace tiempo que no riddeas una coaster y de repente accedes a las minas ocultas de esta powered. Además el hecho de surcar constantemente un mar de copas de árboles y troncos le otorga un aliciente extra muy atractivo.

Salidos ya de Le Train de la Mine es momento de encontrar la mayor incongruencia con la que me topé al visitar Nigloland y en esta ocasión creo que sí he de ponerme algo firme en el tema porque me pareció demasiado aberrante, absurdo e innecesario.

En un parque de atracciones/temático donde NO se hace apología de la defensa o cuidado de los animales, donde no se nos muestran en demasía especies animales (ni planes de cautividad o conservación) no encuentro para nada lógico que de repente uno de los shows estrella del parque consista en sacar a dos osos amaestrados y ponerlos a hacer números de equilibrios y demás piruetas en un espacio habilitado pobremente, como este:


Esta es la línea en la que mi razonamiento no es extensible a ningún parque y tampoco comprendo este aluvión de personas a la hora de contemplar algo tan dantesco e irracional, bajo el nombre de L'Ours. Pero existía y la gente estuvo presenciando el espectáculo hasta que un fugaz chaparrón de 15 minutos aguó la fiesta (y nunca mejor dicho) para suerte de los pobres osos:


Dicho esto y para llegar a los límites del parque por esta parte del mismo es momento de encontrarnos, de repente en medio del bosque, con otra de esas incongruencias a la hora de repartir distribución de rides y viales de acceso ya que esta ride se encuentra en un punto oculto y accesible solo por un pequeño vial de apenas un par de metros de anchura.

De repente nos encontramos con una disk'o coaster de Zamperla, gigantesca en su desarrollo así como en su theming, inspirado en el color de la madera y el pardo de los osos grizzlies, y es que amigos y amigas nos encontramos ante Le Grizzli:


Como os he dicho antes, en este punto del parque cayó un chaparrón que no me permitió en absoluto sacar la cámara de la mochila, pero sí pude, tras unos minutos de espera, riddear esta maravilla de ride. Y es que las disk'o coasters (que no disk'o a secas, fijaos que hay una zona con camelback que inmediatamente otorga el calificativo "coaster" al modelo) pueden ser moles de acero realmente entretenidas si tienen puntos de choque o vistas bien resueltas.

En este caso las vistas estaban totalmente obturadas por abetos y más abetos colindantes a la ride que formaban una espesa capa verde que sólo permitía ver ramas y más ramas. Pero ahí viene el punto bueno, en ocasiones con alargar un poco las manos podía uno incluso llegar a tocar alguna que otra rama.

Del Mississipi al rugido de motores

Que Nigloland guarda ciertos puntos de conexión con Disneyland Park París, como hemos visto con Le Train de la Mine, es algo indudable. Pero uno de los puntos más evidentes y que jamás me hubiera esperado encontrar fue el de King of Mississipi. Y es que en pleno bosque de repente nos encontraremos una especie de lago alargado en forma más bien de canal de unos 30 metros de anchura en el que, de manera inesperada, emergerá la blanca figura de un auténtico barco a vapor similar a los que encontramos en varios parques de Disney:


Y King of Mississipi es eso, ni más ni menos, un barco de transporte y paseo alrededor de un lago, con un recorrido que dura unos 10 minutos largos y que nos ofrecerá un paseo a través de las aguas calmadas del lago central del parque, un lago que divide por completo las áreas del recinto y que surcaremos a bordo de este genialmente cuidado barco de acero y madera con claras reminiscencias a los que encontramos en otros parques. ¿Quién esperaba encontrarse algo así en mitad de la campiña francesa?:


Visto y encontrado este sorprendente King of Mississipi, es momento de volver hacia atrás porque sí, amigos y amigas, el áera de Village Canadien no tiene conexión con el resto del parque, es decir, es un brazo sin salida del cual únicamente podremos regresar si hacemos todo el recorrido inverso. Una infraestructura que debería plantearse de manera casi urgente un parque que permite que mientras estamos dando vueltas en Le Grizzli veamos claramente a apenas unos 30 metros la fachada de Spatiale Experience, un edificio que analizaré más adelante. Y pese a ver la cercanía, no se han dignado a construir un pequeño vial de acceso que cubra esos ridículos 30 metros de distancia, por lo que deberemos dar media vuelta.

Pese a todo, esa media vuelta es muy agradable ya que Village Canadien está distribuida en dos brazos de viales paralelos durante su recorrido a través de los bosques, por lo que podemos optar por seguir uno de estos brazos para ir y el otro para volver y encontrarnos preciosas estampas paisajistas como esta:


Además de alguna que otra ride suelta en mitad del bosque, como es esta clásica spin-ride de Mack Rides que aquí recibe el nombre de Les Caravelles de Jacques Cartier y que probablemente responda a alguno de los famosos combos de ride + coaster que Mack Rides se dedicó a vender durante los 90 o la década pasada:


Conforme nos alejamos de la Village Canadien los bosques rebajan la altura de sus copas de árbol y el verde cambia. Ahora nos empiezan a rodear pinos y sauces en vez de hayas y abetos y es que por un momento accedemos y bordeamos la alargada área temática de Village Merveilleux:


La primera ride con la que nos encontraremos nada más acceder al área es otro de esos clásicos europeos que no podría faltar en ningún parque, ni siquiera de atracciones, aquí recibe el nombre de Les Tacots 1900, pero much@s de vosotr@s los conoceréis por Ford-T. Un recorrido a través de un cuidadísimo jardín a través de un raíl central y a bordo de geniales reproducciones de coches clásicos. Otra de esas rides que en su día agrandó las arcas de Mack Rides:


Como podéis observar, la zona ajardinada que rodea esta ride está cuidadísima y podemos contemplar grandes áreas de tulipanes, sauces y mucho verde en general:


Justo delante de esta Le Tacots 1900 encontramos la que podría llamarse la hermana mayor (aunque no muy mayor), otro de esos productos que da la sensación que en su día Mack Rides vendió como un combo inseparable y que aquí recibe el nombre de Le Circuit de Nigloland:


Vehículos en miniatura propulsados por gasolina y que discurren por un complejo circuito sinuoso que bordea un pequeño estanque y atraviesa hileras de árboles y arbustos altos llenos de flores. Una manera trepidante y divertida de ponerse a los mandos de un pequeño bólido en miniatura y disfrutar del paisaje.


Para niños y padres siempre es una de esas rides únicas que unen bastante ya que pueden significar la primera ocasión en la que el pequeño se ponga al volante de un vehículo a motor, sentir el rugido del motor y apretar el acelerador o manejar el volante, aunque al joven de la fotografía de arriba le pareció un lugar idóneo para el momento de posado ajeno que tanto nos gusta a los que fotografiamos parques.

Una dark ride digna de admirar

Saciados ya por un buen rato del paseo a través de jardines y bosques limpios y muy cuidados, es momento de toparnos con una de las mayores y mejores sorpresas que guarda Nigloland en su interior. Creo que nos tomó a todos por sorpresa y para nada esperábamos encontrarnos con semejante joya. Imaginad la situación: paseando por un vial de unos 5 metros de ancho a base de asfalto y con zona ajardinada a lado y lado, de repente encontramos a mano izquierda un sendero adoquinado con bancos a lado y lado y conducido por grandes y altos pinos:


Tras unas lúgubres vallas de forja y un par de gárgolas vigilantes, el sendero se torna de roca y alrededor nuestro empieza a crecer la maleza, todo se llena de tumbas, farolillos a medio encender y una música realmente fantasmagórica:


Finalmente frente a nosotros se alza la majestuosa mansión de Le Manoir Hanté, una obra maestra de las dark rides con solera que encontramos genialmente tematizada y dispuesta a recibir nuestra visita con un aspecto temático prácticamente insuperable:


En su interior y tras varios pasillos y salas repletas de cuadros fantasmagóricos y una fina y casi inexistente iluminación a base de cirios colgantes, llegamos a una estación de carga ambientada en un salón de mansión clásica, con alfombrado en el suelo, madera en las paredes y unos trenes de carga inspirados en un sillón de madera con acolchado en cuero:


Una vez puesto una anchurosa y prácticamente testimonial barra lapbar, es momento de adentrarnos de lleno en la oscuridad y el terror de esta genial Manoir Hanté, una dark ride multi-nivel con vehículos electrónicos con infinidad de salas de distintos tamaños y tipos, con una variedad de animatronics apabullante (muchos de ellos con movimiento realista, nada de pistones hidráulicos sonoros) y varios tramos en los que los vagones pasan a convertirse en una improvisada spin-ride que da vueltas y vueltas.

Tecnología punta, una finalización de theming muy bien llevada y una cantidad de efectos visuales válidos convierten Le Manoir Hanté en una de las dark rides de terror más bien traídas con las que me he topado hasta ahora. Una genialidad que choca muchísimo que se encuentre de repente en un parque como Nigloland, pero que demuestra la solera que empieza a tomar un recinto que, no olvidemos, adquirió en 2014 una mega-coaster de Mack Rides.

*****

Queda mucho por ver. Ciertamente con añadidos como la powered-coaster inspirada 100% en Disney, la disk'o coaster perdida por los bosques y esta magistral dark ride, Nigloland ha demostrado que sí puede tratarse de un parque de atracciones con aspiración a tematizarse, pero sobretodo se trata de un parque digno de ser colocado en el mapa como un objetivo. Y más adelante veremos que es así.

Nos quedan todavía por delante tres o cuatro entradas más, por lo que os invito a estar pendientes del blog y de las publicaciones pues esto, amigos y amigas de Bloggercoaster, no ha hecho más que empezar.

¿Qué os parece esta segunda parte del recorrido? ¿Visitaríais Nigloland?

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