domingo, 5 de febrero de 2017

#Instacoasters (#2)

Una semana más, una entrega más. Ya la semana pasada os presenté esta nueva sección en la que os mostraré, de una manera sencilla y rápida, alguna fotografía más o menos artística/conceptual de alguna coaster, algún elemento o algún tramo que me haya llamado la atención.

Sin más pretensión que admirar y contemplar algo que solemos pasar mucho por alto pero que vale la pena observar al máximo detalle. Vamos allá con esta segunda entrega:

A estas alturas ya no es ningún secreto mi pasión y entrega por todas y cada una de las coasters que, en su día, sacó adelante la compañía de Anton Schwarzkopf. De la mente del maestro alemán salieron creaciones que, todavía hoy en día, maravillan a todos y cada uno de los entusiastas que empiezan a documentarse, a leer y a consumir material referente a los raíles, los soportes o los trenes.

Y es que quien haya tenido la fortuna de probar una Schwarzkopf sabe bien de su tremenda suavidad, de su perfección en el trazado de tramos, de su genial destreza a la hora de resolver elementos que desde fuera se nos antojan por imposibles. Schwarzkopf se obsesionaba por las curvas milimétricamente medidas, por los peraltes con una inclinación de grados y medios grados. Coqueteaba día sí, día también con algo tan huidizo como el heartline.

De ahí que cuando tuve la oportunidad de asombarme a ver de bien cerca el drop de Vertigo, en Zoomarine (Italia), no dejé escapar la oportunidad de inmortalizarlo en una bella instantánea que nos muestra la longevidad en forma de óxido en algunas partes del acero, la vida que corre tras este valiosísimo credit y, a su vez, la increíble belleza que guarda en cada unión, en cada soporte, en cada soldadura.

#1 #2

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